El Diálogo Interno En El Miedo Escénico (Parte 1)

El diálogo interno es hablarse a uno mismo, como si escucharás tu voz en tu cabeza diciéndote cosas, como si en vez de hablar en alto te lo dices para ti.

Por ejemplo, imagínate a alguien que ve a su pareja y de la emoción escucha en su cabeza “¡qué guapa!”, o cuando alguien ve a un niño acercarse a un jarrón y escucha en su cabeza “ay que lo tira”, o cuando alguien va a la cola del supermercado y al ver tanta gente se dice: “mierda…”.

Como curiosidad, hace tiempo los psiquiatras pensaban que escuchar voces así, en tu cabeza, era un signo de psicosis. Quizá los psiquiatras dejaron de pensar así al darse cuenta de que cuando un cliente les decía que escuchaba voces en su cabeza, los mismos psiquiatras se decían internamente “este tío está escuchando voces, debe estar fatal” y se dieron cuenta de que ellos también se hablaban, pero no estaban locos.

Salvo que una persona tenga daños en el área del lenguaje del cerebro, todos tenemos voces internas en mayor o menor medida, y de hecho hay diálogos internos que son muy valiosos y útiles, pero también hay diálogos que son molestos y negativos y mejor cambiarlos.

En el caso de los profesionales de empresa con miedo escénico, este diálogo interno suele ser un incordio, un rum rum que no para y al que hay que ponerle remedio rápidamente.

El hablarse a uno mismo tiene un poder evocador muy importante, pero puede tener un efecto negativo, si eso lo utilizamos para:

•recordarnos fracasos, tristezas o mierdas pasadas,


•criticarte o hablarte con poco respeto,


•describir futuros desagradables.

Ejemplos de frases que se dicen los profesionales que tienen miedo escénico: “la vas a cagar”, “Se van a dar cuenta de mis fallos”, “Se va a notar que tengo nervios”, “te va a temblar la voz” “quiero salir de aquí”, y el tan habitual “no valgo para esto”.

En general, este tipo de diálogo interno negativo, la sensación que produce es tan intensa que a veces no te das cuenta de que es una reacción a cómo te hablas.

Para identificarlo, piensa en algún momento de tu vida como profesional en el que te sentiste nervioso o simplemente mal, y al recordarlo y al revivirlo darte cuenta de qué es lo que te decías en tu cabeza, cuál es tu diálogo interno.

El diálogo interno negativo tiene dos consecuencias particularmente importantes para un profesional: Una es que produce sensaciones negativas, y la otra es que se lleva tu atención y tu foco.

Cuando tienes sensaciones negativas, tu estado interno no es el adecuado y eso impide que saques lo mejor de ti, porque nunca vas a ser mejor que tu estado interno. Si el diálogo interno te causa nervios o intranquilidad, no vas a poder llegar a tu nivel real. Esta es la clave del alto rendimiento, y así lo aplican los deportistas. Para llegar a tu nivel real has de sentirte bien.

Cuando el diálogo interno se lleva tu atención, pierdes el foco en lo que estás haciendo, tu concentración cambia y, por supuesto, tu expresividad se ve afectada. Para rendir a tu máximo nivel, has de tener tu foco y concentración 100% en lo que estás preparando.


Y mientras se acerca tu momento, no es la mejor opción para ponerse a hablar contigo mismo acerca de si la vas a cagar o no.

En muchas ocasiones este diálogo interno negativo es repetitivo y puede destrozar la confianza en uno mismo, y en una actividad como la empresa, el diálogo negativo es uno de los causantes más importantes de los nervios y del miedo escénico.

La inmensa mayoría de las veces, el diálogo interno no es ni “lógico” ni “coherente” ni tiene sentido. Que una persona después de tantos años se diga “No valgo para esto” es, en cierto modo, un sinsentido. Que un profesional se diga “quiero salir de aquí” cuando está en medio de una reunión o presentación, no tiene demasiado sentido desde un punto de vista objetivo, pero la realidad es que te afecta.

Cuando nacemos no nos hablamos mal, así que es algo que aprendemos al crecer, probablemente desde el momento en el que aprendiste a hablar, simplemente imitando a las personas mayores e influyentes de tu entorno.

Si tuviste suerte, y tus padres fueron amables, cariñosos y comprensivos, quizá aprendiste por imitación a hablarte con voces internas que suenan en tono amable y comprensivo. Si tuviste menos suerte, has aprendido a hablarte en un tono crítico, frío o incluso despectivo y autoritario.

Y quien dice los padres dice los maestros o profesores. Si una persona ha tenido durante toda su vida profesoras que le enseñaron diciéndole solo sus fallos en tono de decepción o amenaza…

¿Cómo crees que se va a hablar ese profesional a sí mismo al pensar en sus fallos?

Pero las buenas noticias es que si pudiste aprender a hablarte así, puedes desaprenderla y librarte de ese diálogo interno.

A ver si te suena. Te dices cosas como que “Tú no vales para esto”, o que “esto no es para ti”, te sientes mal, te conviertes en tu propio enemigo, y quieres librarte de esa voz, pero no sabes cómo.

Si lo que intentas es ignorar estos sonidos, probablemente lo que consigas es tenerlos más presente. Es como si tienes un perro ladrando cerca, intentas no escucharlo, pero te llama la atención aún más fuerte y te desquicia más. Es muy parecido a lo de tratar de no pensar en un elefante rosa. Inténtalo, trata de no pensar en un elefante rosa.

En el mejor de los casos, al intentar evitar esas voces internas quizá, en algún momento, puedas prestar atención a otra cosa; pero esa voz seguirá apareciendo porque lo único que estás haciendo es gestionarla o vivir con ella, lo cual es como si vas al dentista, pero solo te ayuda a gestionar el dolor en vez de quitarte la caries.

Por eso es importante cambiar el efecto que causa o incluso eliminarlo con maneras efectivas.

En general, muchas de las terapias se centran principalmente en las palabras que nos decimos a nosotros mismos, y no en el tono en el que nos hablamos. Y al centrarse en las palabras e intentar buscar un significado, un origen y una explicación, lo único que veo que se consigue es dar y dar más vueltas en un bucle del que a veces es difícil salir.

Muchas escuelas de terapia, te dicen que discutas con la voz interna para superarla o someterla. ¿Has discutido alguna vez con alguien en algo en lo que no estabais de acuerdo? ¿Cómo acaba eso? Discutiendo de esa manera, lo único que consigues es que todos defiendan aún más fuerte su postura, y acaben hablando más alto. Lo mismo pasa al argumentar con tus voces internas. Discutir lo único que consigue es que la voz sea aún más fuerte, y como en las discusiones reales, el conflicto sigue y aparecerá.

En algunos sitios se menciona el yoga y la meditación como remedio al «ruido» mental. Silenciar al “loro en tu cabeza” ha sido una parte importante del budismo y muchas otras prácticas espirituales desde hace miles de años, como un camino para alcanzar la iluminación.

Sin embargo, se ha dicho muy poco acerca de CÓMO exactamente lograr esto, y la dificultad es que la mayoría de los métodos de meditación necesitan años de práctica para resultados mínimos con el diálogo interno. Y por resultados me refiero a eliminación, no a la aceptación del ruido.

En muchas meditaciones, la atención se centra en algún aspecto de nuestra experiencia presente: como por ejemplo la respiración, o la llama de una vela, para desviar la atención de lo que sea que nos esté molestando en nuestra mente.

Parece buena idea, Y es cierto que tiende a retirar nuestra atención de la voz interna al menos momentáneamente, pero no parece que durante una reunión, o una exposición de un proyecrto, sea un buen momento para hacer respiraciones o ponerse a mirar una vela.

¿No sería mejor una solución como por ejemplo que desaparezca el diálogo?

 

(sigue en la parte 2 de este artículo)


Nos vemos,

Fernando

De Prepararse Tanto...


¿Por qué Alguien Sigue Sin Tener La Seguridad Y Confianza En El Momento De La Verdad?


Es probable que asumieras como verdad, desde la escuela de negocios, que necesitabas practicar más para dar la interpretación que tú sabes que puedes dar, o que simplemente, con exponerte más veces, los nervios se irían yendo.


Pero la realidad es que cuantas más veces actúas con la mentalidad incorrecta, lo único que podrías estar perpetuando es tu habilidad de tener nervios y de sufrir en tus presentaciones, en el momento de la verdad, acumulando malas experiencias.


Los deportistas llevan tiempo entrenando su mentalidad para llegar al alto rendimiento. Si eres un profesional de empresa y lo que quieres es disfrutar de tu profesión, y sentir la seguridad que necesitas en el momento de la verdad, conectando con tu trabajo profesional y contigo, igual te interesa saber cómo están consiguiendo otros ejecutivos y directivos, eliminar esos nervios y el miedo escénico con una metodología específica.


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CÓMO ELIMINAR LOS NERVIOS Y EL MIEDO ESCÉNICO